El momento cobra de Bisbal a Chenoa

No presencié el momento cobra en directo. Sólo vi un poco a Juan Camus cantando en un acento inglés terrible, mientras me vanagloriaba del mío, y ya tuve que ceder ante los gustos más hallowinianos de mis acompañantes, quienes preferían ver una supuesta peli de terror. Un día más tarde. Casi 24 horas después del bombardeo informativo, analítico y humorístico de la noche, en especial de la cobra de Bisbal a Chenoa, vi los clips seleccionados del concierto que destacaban los diarios digitales. Entonces, fui testimonio con efectos retardados del momento cobra.

¿Qué queréis que os diga de la cobra? A veces es necesario, es más, está muy justificado, es casi una obligación, un mecanismo de defensa. Me refiero a las cobras hechas con el típico tío borracho o pesado que te encuentras en una discoteca – véase también en versión inversa, supongo- y no sabes cómo quitártelo de encima o el típico tío cara dura que sin currárselo ya cree que se lo vas a dar todo.

Sin embargo, está el momento cobra feo, muy feo. El momento cobra que llega de alguien con el que has compartido mucho, o con el que estás estableciendo muchos vínculos o con el que crees que hay algo más que una simple amistad. Esa cobra que duele, que no entiendes y que posiblemente es la cobra de Bisbal. No sabemos el contexto, ni qué pasó entre ellos ni cómo estaban realmente anímicamente hablando ese día, pero supongo que no fue fácil para Chenoa (en caso que sí hubo cobra). De allí esa solidaridad que ha despertado la mallorquina en muchos de nosotros. No en vano, Chenoa fue una de las triunfitas que en este retorno ha despertado mayor empatía y simpatía.

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Después del momento cobra de Bisbal que, según cómo se mire quizá no hubo ni cobra pero siempre nos gusta entretenernos con tonterías ajenas porque nos ayudan a desconectar, vi el vídeo de Mi música es tu voz. Tocó mi vena sensible, mi nostalgia. En unos minutos me teletransporté a 2001. Estaba en segundo de bachillerato. Uno de los mejores años de mi vida. Recuerdo comentar Operación Triunfo en clase, cada martes. Emocionarnos con cada gala de los lunes por la noche.

En ese instante, volvió a mí la imagen de estar en la Navidad de 2001 en un bar de los “vins” de Lleida y cantar con un grupo de chicos con los que salimos esta canción. Todo el bar la tarareaba… Esa época en la que te encontrabas a uno de tus fiches, porque había muchos y todos solteros, practicabas las relaciones públicas porque todo el mundo salía y salir era lo más emocionante del mundo. Ahora, en cambio, me da mucha pereza. Entonces decía sin reparos frases como: “Qué colgados estos viejos treintañeros solteros que todavía salen por la noche”.

Si para los triunfitos pasar por la Academia supuso un antes y un después. Para los que nacimos en el 84 y nos deleitábamos con sus actuaciones, también cambió nuestra vida. Faltaba nada para empezar nuestra carrera y poner ya la brújula hacía nuestra vocación profesional.

Muchos todavía estamos buscando nuestro sitio, aun y siendo treintañero las cosas no se ven nada claras, pero espero no perder nunca toda esa ilusión que con 17 -18 años había en muchos de nosotros, a pesar de momentos de desazón a lo largo de estos 15 años porque más de un desengaño y disgusto hemos tenido. Cosas de la vida.

P.D. Después de las fotos de 2001 de Operación Triunfo pensé que teníamos muy mal gusto en los albores del siglo XXI. Ahora, tras visionar el concierto, me he dado cuenta que todo es culpa de los estilistas del programa.

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