La ilusión como motor vital

Salvados emitió ayer un programa titulado “De padres a hijos” en el que se trató la educación, tema siempre controvertido y de gran importancia. Escuchando a esos quinceañeros, sentí que tampoco hacía tanto de mi época de colegiala – sí, sigo sin blanca y soltera como entonces- pero ya tengo 32 y unas circunstancias considerablemente distintas.

Noté algunas diferencias entre esos chicos y yo. Como ellos, pensaba mucho en el futuro. En mi imaginación, diseñaba mi hipotética vida de adulta, aunque con una actitud distinta a la suya. Su visión era mucho más realista, la mía demasiado fantasiosa e idílica. Tenía claro que el futuro sería mejor que el presente. Creía en una evolución no en una involución como ellos.

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Al principio me dieron cierta envidia porque, de mayor, muchas veces me he sentido engañada y frustrada por ello. Si hubiera tenido su actitud quizá hubiera sufrido menos a causa de mi capacidad de fabulación a lo Disney, a las antípodas de la realidad. Claro que nadie predijo la crisis durante mi niñez y adolescencia, contemporáneas del apogeo económico de mediados de los 90 y primera mitad del 2000.

Durante mis años universitarios, alimentaban nuestras esperanzas con el boom del periodismo digital, de la TDT, de la radio on-line, los blogs… De las redes sociales todavía no se hablaba. ¡Imaginaros, teníamos que comernos el mundo! Parecía que nuestra carrera era el futuro. Era la vertebradora, a través de las humanidades, de la sociedad de la información. A mi hermana, ocho años menor que yo, en cambio, en la facultad ya le decían que posiblemente nunca ejercería su carrera y estaría sumida en la precariedad laboral varios años.

Los chicos del reportaje y yo a su edad sí teníamos algo en común: la búsqueda de la estabilidad, tanto en lo personal como en lo profesional. Me reí cuando decían que se imaginaban con 40 años con una pareja estable – desde hacía diez años- y con dos hijos. Nosotros, los treintañeros, fuimos los primeros en saber por experiencia que es muy difícil la estabilidad. Aquí la realista fui yo –un inciso, hay gente que esto sí lo ha conseguido, supongo que tienen otras búsquedas y trifulcas en su vida-.

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Intentando huir del blanco o negro que parece teñir toda en nuestra sociedad, ponderándolo, he visto claro que hay que ser realista en la vida para vivir en el mundo que nos ha tocado – y evitar grandes frustraciones-, pero también se tiene que soñar y dejar rienda suelta a imaginación. Tanto realismo puede obstruir nuestra capacidad de crear, de superar obstáculos e ilusionarnos por vivir y alcanzar sueños.

Mirad, salvando las distancias, La Vida es Bella. La ilusión es el motor que mueve al ser humano y nos ayuda a relativizar ciertas situaciones penosas. Si matamos la ilusión con tanto realismo y desazón nunca conseguiremos nada parecido a lo anhelado.

4 Comments

  1. 24 noviembre, 2016  00:18 by Isa Pi

    Muy de acuerdo! Yo tengo mucho de sirenita! De hecho de las de Disney es de las que más me gusta! jajjajaj! Y ante la cámara hay mucho postureo!!!

  2. 24 noviembre, 2016  00:14 by Isa Pi

    Hola Antonio! Estoy totalmente de acuerdo! Y por ello a veces también tenemos que hacer cosas que a priori no nos gusta y después las descubrimos o nos lleva a otra cosa inesperada! Muchas gracias por tu comentario.

  3. 24 noviembre, 2016  00:11 by Ant0ni0

    Vaya generación que nos ha tocado...como nuevo "joven" de 32 años me siento totalmente identificado con el artículo. Después de una carrera, masters, cursos y oposiciones lo único bueno de todo esto es que -por fin- he descubierto mi verdadera vocación, la cual hasta me da más dinero que mi formación. Y es creo que en lo que ha fallado nuestro generación (y muchas de las anteriores, y que tampoco creo que lo estén consiguiendo las de ahora) es en la de buscar la verdadera vocación de las personas, (lo cual también hay que decir que no es tarea fácil) en el auto-descubrimiento y desarrollo, que a fin de cuentas es la que va a definir tu futuro y en lo que debería basarse cualquier sistema educativo. La vida es muy larga y nada ni nadie va a garantizarte nada, eso ha quedado más que demostrado, y si bien el mercado laboral se ha convertido en un "sálvese quien pueda" sólo puedo recomendar a cualquier joven que se dedique a lo que verdaderamente le guste y que no empiece haciendo lo que el mismo mercado laboral, o incluso su familia le exige .

  4. 22 noviembre, 2016  12:35 by Laura

    Hola ricura!,
    Yo no creo que aunque haya generaciones más "espabiladas" que otras, aunque más bien yo diría que informadas, dentro de éstas siempre hay personas más maduras, cuerdas, dulces... En el caso de la clase que has puesto no creo que sea una representación de la mayoría de chicos a esas edades, yo por el tren les oigo decir cada tontá... Y siempre hay que tener en cuenta que una cosa es decir las cosas bien porque si son inteligentes saben más o menos qué quieren escuchar los adultos y otra es procesarla. La clase que has puesto se nota por como hablan que son chicos inteligentes, (lo que ya no es mayoría), y que vienen de familias donde han recibido una buena educación, otro factor muy importante en la maduración emocional de una persona.
    Por otro lado, vivimos en una sociedad donde lo más importante es saber expresarse y llamar la atención de cara a los demás, lo que significa que automáticamente, los chicos que han nacido o crecido en este entorno, tienen más facilidad de agradar que nosotras, que vivimos más con cuentos de la Sirenita, y por lo tanto llevábamos nuestra rebeldía adolescente de un modo más interiorizado; con sueños y todo eso...
    No obstante por dentro seguro que tienen muchas dudas y lo que parece madurez es solo "lo que quieren oir los viejos" (sea lo que sea en realidad); en una época donde hay tantos divorcios y ambos padres trabajan fuera de casa, dudo mucho que se pueda decir que, interiormente, tengan las cosas tan claras a temprana edad...
    En cuanto a la ilusión está infravalorada, igual que la inocencia, y es realmente cuando maduras cuando te das cuenta del valor real que tienen porque, cuando realmente la has perdido, no es tan fácil volver a tener ilusión. Si tuviera que elegir entre ser ingenua o de esa gente que a temprana edad ve la realidad de la vida, creo que elegiría lo primero. Así que yo tb creo en la Sirenita!

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